Textos de Prem Rawat -Mahartaji-
EN TU INTERIOR
El océano reside en tu interior.
En tu interior.
A dondequiera que vayas, está ahí. Y esta gota…Un día sucederá lo otro. Sucederá lo otro, y la gota irá y residirá en el océano. Pero por el momento, hasta que este milagro de la respiración esté ocurriendo, el océano reside en esta gota. Y eso eres tú, y éso soy yo. Ésta es nuestra naturaleza. Ésto es lo que somos.
Y cuando la gota se mezcle con el océano, ya no va ser una gota.
Se va a convertir en océano. Pero por un breve, relativamente breve momento, algo increíble está ocurriendo.
Milagro de milagros ha ocurrido. ¿Sabes qué es? La gota está separada del océano, y el océano ha entrado en la gota. Y esto no es abstracto. Esto es real. Tal claro como tu rostro, tal claro como el aliento que entra en ti, ésto es lo que está ocurriendo. Tómalo. Siéntete pleno. Sigue esa naturaleza. Está en paz. Está en paz. Siéntete feliz. Siéntete contento.
ESTA VEZ, SE TRATA DE TI
Mucha gente piensa que la plenitud hará que el mundo entero cambie para ti. No lo hará. Lo que hará es mostrarte dónde está el verdadero hogar.
Entonces, ¿cómo te preparas? Finalmente vas a tener que aprender a confiar en ti.
Hasta ahora, no tenías que confiar en ti. Lo único que tenías que hacer era confiar en los demás. Y eso fue lindo. Porque cuando te decepcionaban, podías decir, "Quebraste mi confianza. Tú eres una persona terrible. Me traicionaste." Y generalmente, eso se dice con muchas lágrimas.
Pero esta vez, no se trata de otra persona. Esta vez, se trata de ti. ¿Sabes cómo confiar en ti? ¿Sabes cómo es confiar en esta vida? ¿Sabes cómo es confiar en este aliento, en esta existencia? ¿Sabes cómo es confiar en el hecho de que la paz está dentro de ti?
Eso se requiere. Permite que haya una clara comprensión de que lo que estás buscando está en tu interior.
PASIÓN
Me gustaría hablar sobre la importancia de la pasión en nuestra vida. A menudo cuando preguntas a una persona cuál es su pasión, te contesta algo así: "Me encanta la jardinería, ésa es mi pasión". Les gusta, lo disfrutan; y no digo que no debería ser así, pero eso es su hobby.
¿Hacia qué podrías sentir una auténtica pasión en tu vida? ¿Qué es lo que realmente puede encender ese fuego en ti para admirarlo, para amarlo? Algo muy especial, muy real. No podrías apasionarte por algo que sólo está en tu imaginación. No puede ser: “Me gustan los dragones”. Bueno, a mí también. Son muy fuertes, pueden volar y echan fuego por la boca, pero no puedo tocarlos ni hablar con ellos.
Para poder apasionarme por alguna cosa, ésta tiene que ser muy real, no un producto de mi imaginación. Si tienes que sentarte sobre algo, antes te cercioras de que aguantará tu peso. No puedes sentarte en el aire; te caerás.
Cuando era pequeño, me encantaba escuchar cuentos. No me importaba que el cuento durara toda la noche, y siempre tenía que ser uno nuevo. Y cuando decían: “Y vivieron felices para siempre”, yo respondía: “No, no. Sigue. Quiero saber en qué consiste ese 'felices para siempre'”, porque me parecía una suposición muy grande. Los cuentos simplemente congelan todo lo demás. Ya está, se acabó; la realidad ha quedado encerrada. Pero, ¿qué había pasado?
Así que si vamos a hablar de pasión, quizá podamos empezar despejando unas cuantas suposiciones. La gente piensa: "Si tuviera esto, aquello y lo otro, se arreglarían todos mis problemas". Pero en la vida real no sucede eso.
La mayoría de la gente tiene una lista muy larga con todo lo que no quieren en sus vidas y la lista de lo que sí quieren está vacía. Las cosas no funcionan así. ¿Sabes qué te impulsa? ¿Tienes idea de qué es lo que te inspira? ¿Conoces esa cosa a la que no le gusta el dolor? ¿Conoces eso que quiere que sientas paz? Con todo nuestro razonamiento, no hemos comprendido nuestra naturaleza. No hemos comprendido que hay algo tan increíble que si ponemos ahí nuestra conciencia, no sólo nos trae alegría, sino la alegría suprema. Una alegría incomparable.
Eso es lo que nos debería apasionar. Si fuese así, se abrirían todas las compuertas. No necesitaríamos todo nuestro razonamiento. Simplemente comprender la verdad suprema. Esa verdad es tan sencilla que para poder comprenderla tienes que ser totalmente sencillo.
¿Sencillo hasta qué punto? Debes tener un corazón de niño. ¿Qué tienen los niños que no tengas tú? Tú eres sofisticado, tienes muchas ideas, muchos conceptos; has visto el mundo y estás bastante curtido.
Entonces, ¿qué es lo que tienen los niños? Tienen sencillez. Así que si quieres sentir esa pasión, deberás tener un corazón de niño.
La gente pregunta: "¿Qué debo hacer para ser sencillo?". No es cuestión de hacer, sino de deshacer. Nos quedamos empantanados con las mismas cosas que vamos cargando en nuestra bolsa durante nuestra vida. Esa carga que nos hemos echado sobre los hombros —fuimos nosotros mismos quienes lo hicimos— es precisamente lo que nos tiene empantanados.
La clave no es medir cuántas millas has andado, sino disfrutar de cada paso que das. Y no camines tan rápido que se ponga a prueba tu resistencia, porque en realidad no hay ningún banco a los lados de la carretera. No puedes sentarte y descansar porque eso que llamamos tiempo está prendido a nuestra existencia. Por eso es importante la pasión. Porque sin ella esta vida sería como una comida insípida. Puedes masticarla y comértela, pero no la disfrutarás.
El ser humano es un instrumento de sentir increíblemente delicado y sensible. Tócalo con la pasión que se merece y oirás sonidos que has anhelado escuchar toda tu vida. Por suerte o por desgracia, hasta que lo toques, ese anhelo no desaparecerá. Y si lo haces, el anhelo simplemente aumentará. Para mí, cuando algo es así —algo sin lo cual el anhelo nunca desaparece y con lo cual aumenta—, ésa es la descripción más exacta de la verdadera pasión.
LA CARA EN EL ESPEJO
Todo el mundo tiene su propia definición de la paz. Algunas personas piensan que la paz es la ausencia de ruido. Otras creen que es la ausencia de guerras. Y algunas piensan que es un paisaje hermoso. Si eso es la paz, los lugares bellos no escasean en este mundo. Y hay sitios que son muy tranquilos. Entonces, ¿por qué no hay paz ahí? ¿Es la paz una manifestación de algo que sucede en el interior de un ser humano o tiene que ver sólo con el exterior? Ahí es donde tenemos que aminorar la marcha, porque las definiciones abundan. ¿Qué es la paz? ¿De dónde proviene el deseo de paz? ¿Podría ser que alguien se sentó un día a la mesa en su comedor y dijo: “Estaría bien tener paz en este mundo”? ¿O acaso tanto la paz como el deseo de alcanzarla son algo innato en cada ser humano?
Para mí, ése es el quid (la esencia) de la cuestión, porque si el deseo de paz es innato y fundamental para cada ser humano, como la comida, la respiración, el sueño o el agua, entonces no podemos vivir sin ella. Si te falta, todo está desequilibrado. Si colocas a una persona en una habitación preciosa con un sofá increíble, un bonito papel pintado y una hermosa vista, pero sin aire, ¿estará a gusto en esa habitación? ¿O aporreará la puerta para que le dejen salir? No podrías explicarle: “Mira. El aire es sólo una pequeña parte de la escena. Tienes la habitación, el papel pintado, el sofá, una televisión…
¡Relájate! ¡Pásalo bien! ¿Por qué te preocupas de si hay aire o no?”. No puedes verlo, pero cuando hay necesidad de algo fundamental las meras explicaciones no son suficientes. A una persona hambrienta no le puedes decir: “No pasa nada”. Cuando se trata de algo que es muy básico para un ser humano, no hay concesiones.
Con la paz sucede lo mismo. Sin ella, el ser humano no está completo. Del mismo modo que nunca te enseñaron a llorar, tampoco te han inculcado el deseo de paz. Un bebé sabe cómo llorar, cómo reír, cómo ser. Nunca nos han tenido que enseñar esas cosas básicas. El deseo de paz también es básico. Somos así. Es como nuestros cimientos; una necesidad que nace del corazón y nos impulsa a ser felices cada día, a encontrar la pieza que falta en el rompecabezas. Si estás haciendo un rompecabezas y sabes que falta una pieza, pero no sabes cuál es, sigues intentándolo. Eso es lo que este mundo está haciendo. Alguien viene con una fórmula mejor, una palabra mejor, una descripción mejor, un libro mejor, y la gente dice: “Eso lo arreglará”. “¡Si pudiéramos unirnos y dejar a un lado nuestras diferencias…!” Ésa es una gran teoría, que no ha funcionado. ¿Por qué?
Cuatro niños no pueden hacerlo. ¿Has visto alguna vez que se junten cuatro niños y dejen a un lado sus diferencias? Yo nunca. Basta con una pelota, un helado, un caramelo…
Cuando miramos a una persona, pensamos: “Joven, vieja”. Ésas son nuestras clasificaciones. “¿Indio? ¿Americano? ¿Italiano? ¿Chino? ¿Japonés? ¿Africano?” Decimos: “¿De dónde eres?”.
Hemos olvidado cómo mirar a un ser humano. Y hemos olvidado cómo mirarnos a nosotros mismos. Cuando vemos una cara en el espejo, no miramos la cara. Miramos sus imperfecciones: “¿Qué es esto? ¿Qué es eso?”. El hecho de que existas es un milagro. Que el aliento entre en ti cada día es un milagro increíble. Y la facultad de sentir, de conocer y de comprender, también lo es. En el corazón de cada ser humano danza el deseo de estar en paz. Si queremos paz social, lo primero que tiene que suceder es que desaparezca la causa del conflicto. ¿Quién lucha? La gente. El conflicto viene de ahí, y lo primero que hay que hacer para que desaparezca, es eliminarlo de la gente. De la gente como tú y como yo.
Hay quienes intentan traer la paz. Pero la paz no necesita que la traigan de ningún sitio porque ya existe dentro de ti. Con toda humildad te digo que lo que estás buscando está en tu interior. Que, como ser humano, la paz es totalmente posible para ti. Si te vuelves hacia dentro, la sentirás.
¿Cómo? Empieza por apreciar cada día de tu vida. Sólo hay una cosa que puede parar la embestida de la inconsciencia, y es un poco de conciencia.
Vive esta vida con un poco de conciencia. Sé consciente de tu existencia, porque antes de que te des cuenta, ya no la tendrás.
No hay una varita mágica, porque la formula mágica ya se ha manifestado, y somos nosotros, cada uno de nosotros sobre la faz de la Tierra. Entre todas nuestras necesidades y anhelos, hay uno que todavía no ha sido identificado: la paz. Eso es lo que queremos. Sin ninguna duda, no me importa quiénes sean —ricos o pobres, cultos o incultos, altos o bajos, morenos o pálidos— mientras sean seres humanos, eso es lo que quieren. Piensa un poco en esto. Se trata de un tema muy, muy especial, para descubrir en tu vida.
LA SABIDURÍA SUPREMA
Algunas veces nos vemos arrastrados por todo lo que sucede en el mundo, y eso nos crea una confusión increíble. La gente te dice: "Así son las cosas". Te hablan de Dios, de después de la muerte, de antes de la vida...
Lo esencial de la vida es el ahora. Una vez alguien me dijo que yo había sido un emperador en mi vida anterior. ¿Bien, y qué? Si vives basándote en explicaciones, quizá tenga importancia saber lo que fuiste en tu vida anterior o lo que va a ocurrir después de ésta. Pero si vives comprendiendo el valor de esta vida, todas esas cosas son irrelevantes. Lo único relevante es que estoy vivo. Ahora.
Cuando vives basándote en explicaciones, sólo se produce una cosa: confusión. Pero cuando vives basándote en el valor de tu existencia hoy, lo que se produce es claridad, sencillez, gratitud, comprensión.
No especulación. Si dices: "Explícame por qué se me ha pinchado la rueda", seguramente encontrarás a alguien que lo haga. Los “explicadores” no escasean.
¿Por qué? Porque en realidad no sabemos. Es fácil decir: "Soy José o
María o Patrick". Perdona, tú no eres eso, eres otra cosa. Es muy fácil decir: "El nombre de mi madre es éste, y el de mi padre este otro".
Pero somos algo más que eso. "Soy licenciado universitario, tengo un título, soy médico, abogado, esto o lo otro". No, eres algo más. "Soy ama de casa". No. También eres más que eso. "Soy un padre, una madre". Eres algo más.
Todos esos vínculos mediante los que te evalúas son relativos. Hoy están y mañana no. Aunque no lo parezca, estás en pleno movimiento. Tienes que comprender qué se mueve y qué no se mueve. En este río de la vida vas montado en un barco que se mueve. Cuando miras por la ventana parece que todas las cosas que ves son las que se mueven, pero no es así. Están ahí, y ahí seguirán.
Eres tú quien se mueve, y no seguirás ahí.
¿Qué es perecedero? Ese recipiente en el que estás lo es. Un día ya no existirá. El recipiente se mueve. Tú te mueves.
¿Desde cuándo? Desde que tomaste tu primer aliento. El primero. La cosa más increíble. Antes de eso, estabas amoratado. Entonces tomaste tu primer aliento y el proceso de la vida empezó a manifestarse. Poderoso. Y luego otro aliento, y otro, y otro más.
Es la manifestación del mismo poder que despliega el universo lo que acaba de venir y tocarme, trayéndome este regalo de la vida.
Trayéndome cada día, cada momento, cada estrella. Eso es un milagro. Cada niño que nace es un milagro. No lo comprendemos, y por eso sufrimos. Teniéndolo todo, pensamos que no tenemos nada.
Cargados con nuestros problemas, vamos tambaleándonos por la vida.
Sin embargo, qué hermoso es estar en este momento. Regresar al ayer o ir al mañana es algo que no puedo hacer, por mucho que lo intente. Para mí, ésa es la sabiduría suprema. Estoy aquí en este momento, y aquí todo es maravilloso.
Los jóvenes quieren vivir en el futuro. Las personas mayores, en el pasado. Nadie quiere vivir en el presente. ¿Pero dónde se ha situado la alegría? ¿Dónde se ha colocado la comprensión? En el presente.
Así que si alguna vez te preguntas por qué es tan difícil comprender la vida, quizá la respuesta sea: porque no vives donde ella vive. Te has acostumbrado a la confusión, y no es agradable.
¿Qué puedes hacer? Aprender a vivir en el hoy. ¿Y qué es el hoy? Otra oportunidad que se te da para sentir plenamente lo que es estar vivo. Es asombroso. Y en eso consiste la vida.
Por Prem Rawat